LA GUAIRA 2026, LICUEFACCIÓN DESESTIMADA
Por Eric Omaña
Introducción
Escribimos esta pequeña reflexión con la intención de buscar una visión holística para legos y doctos, y hasta didáctica como todo lo que he producido, desde el profundo
dolor que nos produce a todos nosotros y nosotras las consecuencias de los
sismos del 24 de junio de 2026 y sus réplicas que aún no cesan, tanto físicas
como sociales, y lo hago con todo el respeto a las víctimas y sus familiares y
amigos, incluida mi persona. Dolor que se funde con la rabia que me ocasiona
ver la presencia de personal de países que están apoyando en las labores de
rescate, personas a quienes sin duda agradecemos su presencia, pero cuyos
países de origen no se plantean eliminar sus medidas coercitivas unilaterales;
es decir, países que ejercen una falsa labor humanitaria, y como dice un refrán
del pueblo católico: “Cuidado, cuando la limosna es grande, hasta del santo
desconfía”.
Rabia y dolor que he canalizado dando lo poco que
puedo dar, mi aporte para el “semáforo” que se ha creado para calificar con el
color verde a las viviendas habitables sin “riesgo”, con el color amarillo a
las que presentan un “bajo” riesgo y deben ser revisadas con la debida
precaución, y el color rojo para aquellas viviendas que se encuentran en una
zona prohibida y presentan un alto riesgo. Visitar a La Guaira, donde vivía, en
función de evaluar viviendas con la metodología creada, trae a mi mente las
imágenes de Gaza, el Líbano y otros lugares bombardeados por una fuerza aérea
extraña a esos territorios, pero en función francamente genocida.
Con estas notas vamos a intentar revisar, desde la
óptica de la ingeniería de la prevención, las causas que contribuyeron a
escalar las consecuencias del terremoto y sus causas raíces, no así las causas
inmediatas que son impredecibles, porque estamos en un planeta que tiene más de
4,5 mil millones de años girando alrededor del Sol y también de su propio eje,
ajustando a cada momento sus núcleos, el interno y el externo, con fuerzas que
al liberarse impactan permanentemente a la corteza terrestre, asiento de todas
las formas de vida conocidas, entre estas, a nuestra especie.
Las fallas tectónicas
El proceso de conformación de la corteza terrestre
pasó por lo que se conoce como Pangea (Tierra, en griego antiguo), el
supercontinente rodeado de un único mar, con sus montañas y fosas
respectivamente, que luego, por las fuerzas internas del planeta se fracturó en
los continentes que estudiamos hoy en Geografía, así como en los diversos
océanos y mares; los científicos explican que esto ocurrió en el periodo que va
desde hace 175 millones de años a 335 millones de años.
En ese proceso de conformación de la corteza
terrestre y también de la corteza marina, se destacan, mucho antes de Pangea,
zonas muy antiguas, por lo que son muy estables, que emergieron primero; si
quisiéramos dar un orden con ejemplos venezolanos, tenemos el Macizo Guayanés,
que se estima emergió hace aproximadamente entre 2.000 y 3.600 millones de
años, así como zonas muy recientes, menos estables, como las montañas andinas
que cuentan con una edad de apenas entre 5 y 10 millones de años, por lo que
presentan una relativa mayor sismicidad.
Y es en este breve vuelo sobre la historia de
nuestro territorio que entra el tema de las fallas tectónicas, porque la
separación de los continentes se basa en el movimiento de placas tectónicas, en
nuestro caso, del choque de la Placa del Caribe con la Placa Suramericana.
Ese choque genera: la Falla de El Pilar, que va
desde la Fosa de Cariaco en el estado Sucre hasta la isla de Trinidad; la Falla
de San Sebastián, que es principalmente marina, pero que emerge brevemente en
La Guaira, en la zona del Aeropuerto de Maiquetía, y que va desde Yaracuy hasta
Sucre; y la Falla de Boconó, que va desde cerca de San Cristóbal en el estado
Táchira, donde se conecta indirectamente con el sistema de fallas de Pamplona y
Chitagá en Colombia, hasta el golfo Triste, Morón, en el estado Carabobo.
Existen además fallas menores, no por esto menos
riesgosas, como la Falla de La Victoria, que va desde el noreste de Tinaquillo,
en el estado Cojedes, hasta la costa mirandina, atravesando Carabobo y Aragua.
Fallas “mayores y menores” constituyen un solo sistema, interconectado, por
donde la energía fluye, buscando al igual que el agua la vía con menos
resistencia a su paso para avanzar, es mi apreciación.
La ingeniería y los suelos
Desde la Antigüedad se entendió la importancia de
construir en suelos con roca sólida, no arenosos. Incas americanos y egipcios
africanos construyeron sus fortalezas y pirámides en suelos firmes; más tarde
en el Imperio Romano, hace 2.300 años, el ingeniero Vitruvio dejó en sus
escritos la enseñanza de construir solo en aquellos lugares donde la excavación
para las bases diera con suelos sólidos, descartando aquellas donde se
consiguiese barro y arenas sueltas.
Poco se aprendió de aquellas lecciones. Va a ser a
principios del siglo XX, producto del colapso de edificaciones cada vez más pesadas
y altas, que se empezó a estudiar el comportamiento de los suelos y el agua,
llegándose a establecer que esta, el agua, es un factor determinante en la
fortaleza de los suelos. De esa época deviene la necesidad de hacer estudios de
suelos previo a las construcciones.
La comprensión del problema, como el ocurrido en
Venezuela este 24 de junio, se sucede después de 1950, cuando se fusionan las
disciplinas de mecánica de los suelos con la geología dando lugar a la
Ingeniería Geotécnica, que explicó detalladamente el fenómeno de la
licuefacción con los terremotos de Alaska (EE. UU.) y Niigata (Japón), ambos
ocurridos en 1964.
En nuestro país, para 1967 ocurre el terremoto que
coincidió con la conmemoración de los 400 años de la ciudad de Caracas, que resultó
seriamente afectada con el colapso de edificaciones, y el litoral central,
donde colapsó la parte alta de la famosa Mansión Charaima, en la parroquia
Caraballeda, levantada violando la altura concedida por el respectivo permiso
de construcción de la Ingeniería Municipal, un detalle que marca la voracidad
del capital y la indiferencia, sin duda comprada por los constructores, de la
supervisión del sector gobierno.
También se afectó, entre otros, el Hotel Macuto
Sheraton, donde según me explicó un colega, para entonces joven inspector del
Ministerio de Obras Públicas (MOP), se usó la tecnología de reforzamiento de
columnas afectadas con polímeros, tecnología aún en etapa de ensayo, además de
la técnica tradicional de encamisar las columnas con concreto armado.
Para ese año, 1967, el litoral guaireño vivía un
lento pero progresivo incremento de la construcción de grandes edificaciones
cercanas a sus playas, respondiendo así a la demanda de una clase media con
relativamente fácil acceso a la renta petrolera que promovió el apetito de los
empresarios de la construcción. Incremento que se disparó en la década
1970-1980. El tema de la licuefacción de los suelos nunca fue tomado en cuenta,
porque no estaba contemplado en ninguna norma constructiva.
Las normas sísmicas
Las normas sísmicas en Venezuela han sido el
producto de situaciones no previstas. No fue sino hasta después del terremoto
de 1967 que se produjeron los primeros cambios constructivos al respecto, como
la prohibición del uso de cabillas lisas y, concomitantemente, introduciéndose
la cabilla corrugada; además se ampliaron los criterios para un futuro mapa
geológico de todo el país. La norma del MOP de 1955 clasificaba a Caracas y La
Guaira como zonas de "baja sismicidad".
La primera norma sismorresistente, la COVENIN 1756,
data de 1982, en la cual se exigió que las columnas fueran significativamente
más robustas que las vigas que soportaban. Esa norma tuvo reformas en 1988 y en
2001. En ningún momento se consideró el tema de la licuefacción. Y acá voy a
escribir algo por lo que asumo plena responsabilidad, ya que tuve esa
experiencia por haber sido integrante del Comité CT-6 de COVENIN, que elaboró
un centenar de normas de Seguridad e Higiene Industrial luego del accidente
catastrófico de Tacoa en 1982, también en La Guaira.
Las normas suelen ser hechas por los interesados, en
este caso por los empresarios de la construcción, y uno como ingeniero no puede
creer que el fenómeno de la licuefacción era desconocido para quienes en
nuestra costa guaireña construyeron cientos de edificaciones hoy colapsadas
totalmente.
Es interesante acotar que en el histórico de las
construcciones civiles en el Estado La Guaira se tiene que, entre el 60 y el 65
% de las edificaciones fueron levantadas antes de 1982 con la vieja norma MOP
1955, la cual permitía plantas bajas libres para estacionamientos, es decir,
sin paredes, lo cual implica alta vulnerabilidad por "piso débil".
Así fueron construidas muchas edificaciones de gran altura en Caraballeda, El
Caribe y Tanaguarena.
Después de la emisión de la COVENIN 1756:82 se
construyó solo entre el 10 y el 12 % de las edificaciones de La Guaira, ya que
el Viernes Negro prácticamente diezmó la demanda del boom de la construcción en
todo el país. La norma eliminó el concepto de piso débil, lo cual se confirmó
posteriormente con el terremoto de México en 1985.
Con la COVENIN 1756:98 el histórico de la
construcción cayó entre el 1 y el 2 % de edificaciones. Es la época que
coincide con el deslave de 1999. Esta modificación de la norma tampoco
consideró el tema de la licuefacción.
En 2001 se introdujeron mejoras a la COVENIN 1756 y
el histórico de la construcción empezó a registrar un importante aumento, entre
el 22 y el 25 % de edificaciones, que incluye las viviendas de la Gran Misión
Vivienda Venezuela. Es en esta época, concretamente en 2006, que se tiene un
punto de inflexión: por primera vez se hace público el tema de la licuefacción
de los suelos; lo hizo un equipo japonés de la Misión Internacional de NN. UU.
que estudió el deslave de 1999.
Por eso, en la versión más reciente de la COVENIN
1756, la de 2019, se hizo justicia por primera vez al tema de los suelos,
quizás bajo la influencia de aquel informe de los nipones. En las evaluaciones
post-sismo de las edificaciones levantadas en La Guaira, luego de la emisión de
esta reforma de la norma, se aprecia que las estructuras recientes cuyos
constructores usaron cabalmente la norma no colapsaron, mientras que en aquellas
que no lo hicieron, las edificaciones fallaron. Y aquí entra un tema escabroso:
la falta de fiscalización, tanto del constructor mismo como de la instancia
gubernamental, otrora fuerte hasta que la Ley Orgánica de Descentralización,
Delimitación y Transferencia de Competencias del Poder Público (1989) puso en
manos de las alcaldías esta función, donde no suele existir el músculo técnico
para ello.
Licuefacción de los suelos
La licuefacción del suelo es un fenómeno geotécnico
que hace que un terreno sólido pierda su resistencia y se comporte
temporalmente como una gelatina, conllevando a las edificaciones que sobre él
fueron construidas a presentar asentamientos severos, se inclinen drásticamente
o colapsen por completo. Las tres alternativas se aprecian en las edificaciones
afectadas en La Guaira.
Audemard y De Santis (1991) estudiaron, al frente de
un equipo de investigación de FUNVISIS, las estructuras de licuefacción
inducidas por un enjambre de 2.000 sismos débiles ocurridos en la costa de
Falcón en 1989, encabezados por dos sismos moderados de mb 5,7 y 5,0 (mb es la
Magnitud de Ondas de Cuerpo, un cálculo basado en la amplitud de las primeras
ondas sísmicas P que viajan por el interior de la Tierra) y que causaron
conmoción en El Tocuyo.
Estos autores concluyeron que terremotos de magnitud
5 tienen la duración y energía suficientes para provocar licuefacción en suelos
conformados por depósitos fluviales o deltaicos con alto nivel freático. En el
caso de La Guaira los depósitos son aluvionales, pero la relación del agua con
el suelo es la misma para el fenómeno de la licuefacción.
La principal recomendación de Audemard y De Santis
(1991) fue que “para quienes participan en la minimización del riesgo sísmico,
esta experiencia y estas observaciones podrían ser de interés geotécnico si la
licuefacción se considera un factor importante de peligro sísmico en áreas con
condiciones del terreno similares a las observadas en las zonas costeras del
este del estado de Falcón”. No se diga más.
La incultura preventiva
No somos Japón, país que tiene un alto desarrollo de
preparación ante las consecutivas tragedias que ha vivido. Todo lo contrario,
entendiendo que las comparaciones son odiosas. Pese a los sismos que hemos
vivido desde los años 50 del siglo pasado hasta esta época, solo hablamos de
prepararnos para el siguiente, pero pasado el tiempo nada hacemos. Nuestra
memoria es corta en ese terreno. Quizás nos preparan para no hurgar en el
pasado, pero debemos insistir.
Pongo este ejemplo de fallo al crear una cultura preventiva
de casi toda la ciudadanía y sus instituciones en un entorno específico,
supuestamente de avanzada académica, vivido en la Universidad Central de
Venezuela cuando un grupo de profesores, encabezados por la arquitecta Mercedes
Marrero, logramos la creación en 1995, por el Consejo Universitario y con el
beneplácito de todos los rectores, de la Comisión de Mitigación de Riesgos
(COMIR), con el propósito de transformar a la comunidad universitaria en una
institución modelo, formando profesionales y ciudadanos sensibles y preparados
para prevenir y mitigar riesgos.
La idea base era incorporar el tema en cada pensum de estudios y, concomitantemente, promover la investigación y la
extensión en todo lo relacionado con la mitigación de riesgos. El resultado ha
sido muy bajo, casi nulo para lo que se planteó en aquella oportunidad. Eso me ratifica esta idea que en verdad no estamos ganados para la prevención, ni en las industrias donde vemos los accidentes cada día.
Las causas de la tragedia o cómo prepararnos para el
futuro
Como prevencionista, observamos en primer lugar que
las causas inmediatas son entidades de la naturaleza, no controlables, no
predecibles, que están allí latentes, y lo han estado por miles de millones de
años, y que no apreciamos simplemente porque nuestros ciclos de vida no tienen
comparación con la historia del planeta.
En cuanto a las causas contribuyentes, estas son
muchas; es como en esos exámenes con preguntas de varias opciones y una indica
que la respuesta es “todas las anteriores”. Solo acopiaré las siguientes, pero
deben ser muchas más: la falta de una cultura preventiva, la carencia de normas
de construcción que respondan a las características de cada suelo y del
ambiente en general donde las obras son emplazadas, la corrupción siempre
presente que usa un permiso de construcción por esa vía obtenido para hacer más
apartamentos, etc.
Las causas raíces son de responsabilidad del Estado
y con ellos, de los distintos gobernantes, así como del sistema económico que
nos mueve, el capitalismo. Porque si alguien tiene que ver con la promoción de
una cultura preventiva es el Estado y sus instituciones; si alguien tiene que
ver con la fiscalización de obras son las instituciones de cada gobierno,
porque le corresponde parar la voracidad del capital con normas de construcción
que respondan al ambiente donde se va a construir.
De tal manera que prepararnos para lo que viene pasa
por corregir lo corregible, estas causas contribuyentes y estas causas raíces,
porque las inmediatas no están en las manos de nadie. Por ejemplo, he apreciado
que las edificaciones que menos colapsaron en La Guaira fueron las de pocos
pisos; eso de plano confiere la idea de que, en el futuro inmediato, en La
Guaira, ninguna construcción, así esté en una montaña como en la que vivo, pase
de 4 pisos, para poner un ejemplo de algo que hay que poner en la norma de
construcción ya, y no esperar el próximo sismo, aplicable a todas las
construcciones de la región norte-costera que corre paralela a la Falla de San
Sebastián, cuyos suelos en gran parte son aluvionales.
Referencias
Franck A. Audemard y Feliciano De Santis. (1991). Survey of liquefaction structures induced by recent moderate
earthquakes. Bulletin of the International Association of
Engineering Geology. Vol. 44, pp. 5–16.
Data histórica
rastreada con I.A.
Saludos Cordiales Prof. Omaña, una vez más agradecido por el gran aporte que suministra a través de su amplia experiencia… De antemano expreso desde la distancia mis condolencias y respetos a todas aquellas personas que se vieron afectadas el día 24 de Junio del presente año, luego del acontecimiento.
ResponderBorrarDando inicio a mi aporte es importante mencionar una serie de antecedentes registrados al transcurrir el tiempo, la historia sísmica de Venezuela está determinada por la interacción entre la placa del Caribe y la placa Sudamericana, lo que genera fallas geológicas altamente activas como Boconó, San Sebastián y El Pilar. A continuación, se presenta una línea de tiempo de algunas eventualidades registrada:
Siglo XX
• 29 de octubre de 1900 — Terremoto de San Narciso: Magnitud estimada entre 7.6 y 8.0. Afectó gravemente a Caracas y al litoral central (Macuto, Caraballeda). El presidente Cipriano Castro se fracturó un pie al saltar desde una ventana de la Casa Amarilla.
• 17 de enero de 1929 — Gran Terremoto de Cumaná: Magnitud de 7.0. Destruyó la capital del estado Sucre y generó un maremoto con olas de hasta 5 metros. Causó entre 800 y 1.600 muertes.
• 3 de agosto de 1950 — Terremoto de El Tocuyo: Magnitud de 6.8. Destruyó casi en su totalidad a las poblaciones de El Tocuyo, Humocaro Bajo y Guárico en el estado Lara, dejando más de 100 muertos.
• 29 de julio de 1967 — Terremoto de Caracas (Cuatricentenario): Magnitud de 6.6. Sacudió fuertemente a Caracas y al litoral central, provocando el colapso de varios edificios de apartamentos en zonas como Altamira y Los Palos Grandes. Dejó 245 muertos y obligó a reformar las normativas de construcción del país.
• 9 de julio de 1997 — Terremoto de Cariaco: Magnitud de 6.9. Su epicentro estuvo en el estado Sucre, causando el colapso de escuelas y edificaciones públicas en Cariaco y Cumaná. Se registraron 73 víctimas fatales.
Siglo XXI (Era Contemporánea)
• 21 de agosto de 2018 — Terremoto de Yaguaraparo: Magnitud de 7.3. Se sintió en todo el país y causó daños estructurales en fachadas de Caracas (incluyendo la inclinación de la Torre de David) y el oriente del país, pero no provocó fallecidos debido a su gran profundidad.
• Año 2025 — Doblete sísmico de Mene Grande: Dos eventos sísmicos de magnitud 6.2 azotaron la costa oriental del Lago de Maracaibo en el estado Zulia, registrando una víctima fatal y centenares de heridos.
• 24 de junio de 2026 — El Gran Doblete Sísmico de Venezuela: Magnitudes consecutivas de 7.2 y 7.5 con solo 39 segundos de diferencia. Los epicentros se localizaron en Yaracuy (San Felipe y Yumare), sacudiendo con violencia extrema toda la región central, la Cordillera de la Costa y Caracas. Ha sido clasificado como el sismo más mortífero y devastador en los últimos 126 años del país, dejando un saldo oficial trágico que asciende a 3.535 fallecidos y más de 16.000 heridos.
Por otra parte, es importante mencionar que nuestra amada Venezuela, la cultura preventiva es muy escaza, quizás exagere un poco pero siendo objetivo, debemos alimentar la cultura preventiva y pasar de ser una población REACTIVA a ser PREVENTIVA, ya es hora de aprender de los hechos acontecidos. A sabiendas que no estamos exentos de una eventualidad de origen natural, pero si podemos contribuir a que el impacto sea minoritario.
Fuente consultada:
Altez¹, Rogelio. (2005). Los sismos del 26 de marzo de 1812 en Venezuela: nuevos aportes y evidencias sobre estos eventos. Boletín Técnico , 43(2), 11-34. Recuperado en 07 de julio de 2026, de http://ve.scielo.org/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0376-723X2005000200002&lng=es&tlng=es.
Excelente aporte, colega.
BorrarBuenas noches saludos estimado, muchas gracias por compartir este tema y que sea de interés para su ejecución y en beneficio de corregir lo que se deba corregir para que no se siga repitiendo estos escenarios que son de sufrimiento para toda una sociedad.
ResponderBorrarDios permita que de ahora en adelante se evalúe mediante estudios especializados esas fallas y se respeten las normas ya existente y las que se deriven de los nuevos estudios.
Muy esclarecedora la información, y también la de comentaristas, de lo cual muestro agradecimiento. Sólo agregaría que, amén de lo dicho, se deben establecer responsabilidades, pues sea legal o a través de sobornos, NADIE puede construir edificaciones, sin contar con un permiso gubernamental. Buenas noches.
ResponderBorrarBuenas tardes, Agradecida con Dios por la fortaleza que le está dando a usted y al resto de la población en medio de la tormenta. Ciertamente el fenómeno de licuefacción es común en este tipo de desastres son pocas las construcciones que se han realizado como corresponden, el Terremoto de Cariaco, hoy cumplièndose 29 años, lo recuerdo porque lo viví en la fiesta de despedida de la escuela, gracias a Dios en el lugar donde me encontraba ( Estructura de 3 niveles) no hubo afectaciones y aún se mantiene en pie. Sin embargo las residencias Miramar o Edificio seguros la Seguridad, se desplomó arrojando fallecidos y lesionados, en la investigación Funvisis indicó que debido al comportamiento del suelo y la cercanía con la costa de Cumaná sufrió el fenómeno de licuefacción, claro está que el epicentro fue en Cariaco donde hubo la mayor afectación y fallecidos, el terremoto tuvo una duración de 51 segundos. Y viendo las imágenes del reciente de la Guaira, estoy conmocionada y con sentimientos encontrados porque por omisiones y falta de supervisión no aprendemos y se siguen cometiendo los mismos errores.
ResponderBorrarGracias por su explicación, profesor. Es lamentable que un evento, esta vez de origen natural, enlute nuevamente nuestro país, dejándonos solo con la esperanza de que sea el punto de partida para una prevención real. Vemos en las noticias que se están realizando esfuerzos para atender la emergencia y estudiar el fenómeno; sin embargo, al ver el mapa de las fallas que atraviesan Venezuela, me pregunto: ¿están preparadas otras ciudades expuestas a la licuefacción y al riesgo sísmico? ¿Existen planes de mitigación técnica viables para aquellas construcciones antiguas que no cumplen con los estándares de la normativa vigente?
ResponderBorrarLo felicito Profesor por su excelente dossier de la historia sísmica de Venezuela. Aspiro, después de este doloroso hecho ocurrido en el país, la importancia de contar con una cultura sísmica (respeto a las normas de construcción civil)
ResponderBorrarBuenas tardes para todos los compañeros y Prof. Omaña. Ante todo mis condolencias y empatía con todos los venezolanos que sufrieron la pérdida de familiares y amigos durante el doble terremoto del pasado 24 de junio. En relación a su interesante artículo, coincido 100% en que se presentó el fenómeno de licuefacción de suelos, ya que sabemos que un terreno saturado de agua no tiene ninguna firmeza ante las vibraciones tan intensas que se generaron durante el doble terremoto. Considero que en las construcciones se desestimó el estudio de los suelos y por ende no hubo la debida evaluación por parte de los organismos correspondientes. El Estado tiene la responsabilidad de coordinar las infraestructuras, evaluar los terrenos antes de otorgar permisos y prestar los servicios esenciales y por supuesto de seguridad para todo el pueblo. Sé que fue un evento natural catastrófico pero con la aplicación de las debidas normas antisísmicas que se establecieron después del terremoto de 1967, se pudieron minimizar los daños a esas edificaciones que no contaron con los materiales correctos.
ResponderBorrarPara finalizar mi participación, con todo mi respeto Prof, Omaña, difiero totalmente de sus palabras, las cuales dijo con dolor y rabia cuando se refirió al personal extranjero que ayudó en las labores de rescate y según sus palabras ejercieron una falsa labor humanitaria; en este sentido considero que estas personas llevaron a cabo una labor impresionante durante las primeras 72 horas donde el pueblo no tuvo ninguna respuesta por parte del gobierno, no soy político pero sí pude evidenciar la falta de capacidad que se tiene para adoptar las medidas tanto para prevenir los desastres naturales como para minimizar los efectos. Tengo familia y amigos en Vargas que perdieron todo (algunos todavía desaparecidos) y clamaban y pedían a gritos ayuda para rescatar a los sepultados, con sus manos trataron de abrirse entre los escombros, muy triste, pidiendo una máquina que en algunos sitios llegó a los 7 días. Mi respeto, bendiciones y admiración hacia esos rescatista y al pueblo de Vargas que aún sigue luchando por sobrevivir y que sin ellos no hubiera sido posible rescatar gente con vida. Si el gobierno hubiese unificado su esfuerzo y maquinaria junto a estas personas sé que se hubieran salvado más vidas. Hoy día queda la desolación y el sufrimiento de los ciudadanos sin hogar ni familia. El objetivo primordial de nuestros gobernantes debe ser el bienestar social y una economía eficiente. Es mi humilde opinión, también con dolor, rabia y frustración de querer y no poder ayudar.
Buen día profesor Omaña; luego de dar lectura con atención al artículo publicado en su blog y con el dolor que embarga a cada venezolano considero que es un documento necesario para entender nuestra realidad posterior al doble sismo del 24/6/2026. Lo más valioso no es solo el rigor técnico sobre la licuefacción que sin duda alguna fué un factor clave en lo sucedido, así como las normas de ingenieria; sino también la valentía de señalar que el desastre no comenzó con el sismo de junio, sino décadas atrás, en las oficinas donde se aprobaron permisos ignorando la geología. Es importante contemplar lo que usted plantea como una solución técnica clara como es limitar la altura de las edificaciones en zonas aluvionales, pero creo que nos deja además una tarea pendiente a todos como sociedad. ¿Cómo recuperamos la fiscalización técnica en el país donde las instituciones parecen haber perdido su capacidad de control? Pienso que es un llamado urgente a pasar de la respuesta inmediata a la política preventiva sostenida.
BorrarPara comprender un poco más del colapso total de las edificaciones construidas en el estado La Guaira, los investigadores analizan el "efecto gatillo" (transferencia de estrés). Este fenómeno consistió en una ruptura secuencial donde la fuerza de un primer sismo funcionó como detonador de un segundo evento de mayor magnitud.
ResponderBorrar1. El Evento Premonitorio (Eje X)
A las 18:04 hora local, se registró un sismo premonitorio de magnitud 7,2 a una profundidad de 20,3 km. El epicentro ocurrió cerca de San Felipe (Yaracuy) y la ruptura se propagó horizontalmente a lo largo del sistema de fallas de Boconó.
2. El Evento Principal (Plano XY)
Lejos de aliviar la tensión, el primer sismo transfirió instantáneamente su energía destructiva hacia un sistema adyacente. Apenas 39 segundos después, esta acumulación de fuerzas activó la falla de San Sebastián, generando un segundo terremoto aún más destructivo de magnitud 7,5 y a una profundidad muy superficial (10 km).
3. Degradación Biaxial (Efecto Cruzado) y Colapso
Este doble evento produjo una degradación biaxial: el movimiento inicial en la dirección de la falla lineal (Eje X) fracturó y debilitó gravemente los cimientos de los edificios. Cuando las estructuras ya estaban resentidas, el segundo impacto sísmico (Plano XY) actuó de forma perpendicular, generando un efecto de torsión (giro) que causó el colapso inmediato de las edificaciones.
La lectura de este artículo me deja una profunda inquietud, pues como futura especialista en Higiene Ocupacional no puedo separar la tragedia de La Guaira de los principios preventivos que estudiamos a diario. En primer lugar, me impacta constatar que el conocimiento técnico existía desde hacía décadas; sin embargo, la licuefacción de los suelos solo fue incorporada a la norma en 2019, lo cual demuestra que el problema no fue la ausencia de ciencia, sino la falta de voluntad para aplicarla. Asimismo, me parece muy acertada la distinción que hace el autor prof Eric Omaña entre causas inmediatas, contribuyentes y raíces, ya que coincide con la metodología de análisis de accidentes propia de nuestra disciplina: los fenómenos naturales no se pueden evitar, pero sí las condiciones humanas que amplifican sus consecuencias. Por otra parte, resulta doloroso admitir que la incultura preventiva también habita en la academia, como lo evidencia el fracaso de la COMIR en la UCV. En consecuencia, esta reflexión reafirma mi compromiso profesional: la prevención no es un trámite normativo, sino una ética de vida que debemos exigir al Estado, a los constructores y a nosotros mismos, antes de que el próximo sismo vuelva a pasarnos la factura. Gracias prof justo y pertinente su articulo
ResponderBorrarExcelente artículo amigo Eric; no haces más que ratificar el estudio jica realizado por la misión japonesa hace varios años en la guaira; en mi recorrido post terremoto doy fe de la gran cantidad de edificios semi hundidos y con inclinaciones mayores a 45 grados que son una prueba evidente de esa teoría de licitación de suelo; la gran pregunta ahora es: se pondrá el gobierno lass pilas para zonificar la construcción de una nueva guaira tomando en cuenta esta amenaza; o se seguirá cumpliendo el versículo bíblico que sentencia que el hombre necio sólo construye sobre la arena su vivienda y el sensato sobre las rocas? ; un abrazo mi profe
ResponderBorrarBuenas tardes estimado y respetado Eric. Excelente aporte para incorporar en los equipos de trabajo técnico - cientifico que debe conformarse para abordar la estrategias y plan de acción, en cuanto a la construcción en si misma, pero también y sumamente importante y determinante, para implementar una cultura prevencionista en todos los niveles de la ciudadanía, pero sobre todo en todos los niveles del Estado.
ResponderBorrarArtículo de aprendizajes significativo Profesor Eric, mientras las normas técnicas sigan siendo tratadas como meras sugerencias o guías de buena voluntad, y no como leyes de absoluta obligatoriedad con consecuencias penales, tragedias similares se seguirán repitiendo.
ResponderBorrarExcelente artículo Eric de suma importancia divulgarlo y multiplicarlo. Muy pedagógica tu explicación y aclara con nitidez las debilidades de nuestro sistema educativo que desestima las investigaciones de nuestras universidades a la hora de la toma de decisiones para implementar las regulaciones en torno al sector inmobiliario. Al sistema capitalista sólo le interesa lo lucrativo y es por ello que la corrupción no cesa. A pesar de las muertes y la devastación y de todo el dolor que hoy abrigados no debemos claudicar y seguir martillado con las herramientas propias de nuestras profesiones en demostrar que la inteligencia debe ser utilizada para preservar la vida y no para amasar fortunas. Gracias mil por tu artículo . Te apreciamos mucho
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